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El teatro promueve interacciones sociales

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Todo el mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres meros actores: tienen sus salidas y sus entradas; y un hombre en su tiempo interpreta a muchas partes…” William Shakespeare

¿Dónde se encuentra la sazón de la vida?

Muchos dramaturgos han logrado responder a esta pregunta de una manera intuitiva; su interés está volcado a interpretar la realidad de las relaciones humanas, el momento cumbre de las reacciones y emociones causadas por el enfrentamiento del ser humano con sus semejantes, por la interacción constante entre las fuerzas opuestas de la naturaleza que necesitan equilibrarse constantemente. Precisamente, la sazón de la vida yace -según sus apreciaciones- en el conflicto. Y aquí lo interesante es determinar de dónde nacen estos conflictos y hacia dónde nos llevan.

Hemos de suponer, que en nuestra cotidianidad, la palabra conflicto es un sinónimo de problema o de pleito. Al parecer no podemos concebir el conflicto como algo positivo y por lo general siempre nos significa una gran molestia. A diferencia de esta perspectiva, el teatro logra encontrar su razón de ser en el conflicto y se aprovecha de su existencia para regalarnos -a sus espectadores- aquellos clímax dramáticos que nos recrean y nos transforman una y otra vez; al mismo tiempo que nos permiten reflexionar sobre las relaciones que establecemos con los demás.

¿Cómo sería una obra de teatro o una película, en la cual el protagonista tuviera todo, no le doliera nunca nada, le fuera bien en todo, todos a su alrededor lo amaran, etc.? ¿Sería emocionante? ¿Tendría alguna razón de ser? No, en absoluto. La razón por la cual vemos alguna obra audiovisual es para dispersarnos, conectarnos con una realidad distinta -a veces familiar- con el conflicto de sus protagonistas, con su valentía, con sus miedos, con sus dolores y con sus victorias. Vemos también que todos estamos conectados por un hilo conductor que nos lleva a percibir las emociones de los demás como propias. Muchas veces nos sentimos identificados con algunos papeles.

Diariamente, nos vemos enfrentados a situaciones diseñadas específicamente para nuestro desarrollo personal; a veces parecen ser duras pruebas que no llegamos a tolerar en absoluto, nos preguntamos el porqué y continuamos nuestra vida sin obtener respuestas satisfactorias a nuestra inconformidad. Ciertamente con la experiencia llegamos a un punto de resignación, la vida sigue, pero ignoramos que existe un estado ideal en la existencia que recae en el hecho de poder disfrutar plenamente de nuestra actuación en este escenario (la vida) y participar activamente de todo lo que nos suceda. Así como un actor con su personaje, quien finalmente, y después de largos ensayos, logra pasar por cada escena, cada vez, con un poco más de seguridad y sabiduría porque ha comprendido que su éxito depende de haber aprendido a trabajar en equipo, en todos los ámbitos de su vida. Ha comprendido que su éxito depende también del éxito de los demás.

Las piezas teatrales y cinematográficas traen dentro de sí un sinnúmero de situaciones humanas que ubican a cada personaje y miembro del equipo de trabajo, en una escena de cooperación hecha exactamente a la medida de todos los participantes. De esta forma el director no teme poner a sus actores en aprietos, porque sabe que tendrán la capacidad para gradualmente sobreponerse a los malestares, a los enfrentamientos; él sabe hacia dónde deben ir sus personajes, porque ya conoce de antemano la historia; tiene confianza en sus actores porque los eligió muy conscientemente y conoce de lo que son capaces para poder sacar adelante su papel en escena. Sin embargo, el éxito de la obra dependerá de las relaciones que establezcan todos los participantes, de la capacidad de trabajar en armonía, apoyándose mutuamente.

Por lo que vemos existe una sabia razón para afirmar que el teatro es nada más y nada menos que una metáfora de la vida del ser humano, y nos ofrece herramientas para poder vivirla en plenitud. Podemos pensar que toda esta aldea global humana es el escenario; un sistema integrado por participantes que deben establecer vínculos positivos para crear obras también positivas, que generen bienestar para todos los integrantes del sistema que llamamos mundo. El arte en todas sus expresiones, facilita y promueve las interacciones necesarias para el crecimiento de la sociedad. 

Referenciahttp://linnemagazine.com/2013/12/18/la-vida-como-teatro-shakespeare-calvino-y-nietzsche/

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