Lo bueno de la vida social

Todos necesitamos amar y ser amados”. Desde la psicología y las ciencias sociales vienen haciendo declaraciones muy similares en los últimos años. Según estas ciencias todos los humanos compartimos un set de necesidades básicas1. Una de ellas y tal vez la más importante, es la capacidad de percibir afecto, ya sea dando o recibiendo2. Esta cualidad es la que permite sentir a otro ser como parte de un colectivo; sin ella, la cooperación entre humanos hubiera sido imposible y tal vez no existiríamos como especie3.

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Si hemos vivido vidas promedio, acompañados de seres queridos de distintas edades, nos habremos dado cuenta de un aspecto interesante de nuestro desarrollo. Estamos en una continua evolución, progresamos día a día en nuestra capacidad de relacionarnos y dar afecto. Si vemos el comienzo de nuestras vidas, juntamente con ese grito estremecedor con el cual anunciamos nuestra existencia al mundo, llega una necesidad tremenda de afecto4 y cuidados. En esos primeros años no tomamos en cuenta las necesidades de otros y éstos solo nos importan en el grado que puedan satisfacer nuestras diversas necesidades.

Conforme pasa el tiempo, y con la ayuda de nuestros padres comenzamos a darnos cuenta de que el mundo no gira alrededor nuestro5. Además atravesamos distintos momentos y situaciones en las que descubrimos que es más grato dar que recibir6. Conforme llegamos a la adultez constatamos que la naturaleza nos dotó, al igual que a nuestros padres, de la necesidad de dar afecto, y todo en previsión a la etapa llamada paternidad7.

Si al igual que la ciencia, consideramos este avance como algo beneficioso para la sociedad y juzgamos la capacidad de dar afecto como un objetivo loable de nuestro desarrollo, nuestra escala de valores comienza a tomar un giro. Naturalmente viene a nuestra mente la imagen de nuestros seres queridos de mayor edad: nuestros abuelos, abuelas, y los ancianos de las diversas comunidades a las que pertenecemos. Ellos son realmente maestros y doctores honoris causa en esta materia. No debe sorprendernos que en este grupo etario se haya observado, entre otros, una gran habilidad de resolver conflictos sociales, aumento de niveles de felicidad, matrimonios más unidos, y una capacidad de apreciar en gran manera todo tipo de contacto social en general8.

Sin embargo depende mucho de nosotros el cultivar y aprovechar el valioso recurso que representa esta población. Tenemos que establecer vínculos con ellos, conectarnos y crear espacios en los que ellos -al igual que nosotros- podamos ser escuchados y educados. Debemos extirpar el nocivo aislamiento y la perjudicial desconexión de nuestra realidad9, y emplear el método de conexión que tengamos a mano: mesas de diálogo, juegos de conexión, instancias de apoyo mutuo. Lo que resulta necesario para generar un entorno afectivo positivo en el cual podamos vivir plenamente nuestro presente y más importante aún, nuestro futuro. Sólo de esta forma podremos vivir vidas largas, felices y plenas10.

Referencias:

1. http://en.wikipedia.org/wiki/Fundamental_human_needs

2. http://www.biopsychology.org/biopsicologia/articulos/que_es_el_afecto.html

3. http://www.bbc.co.uk/news/science-environment-23529849

4. http://www.ecswe.net/downloads/publications/QOC-VII/Chapter3-Why-Love-Matters-How-Affection-Shapes-a-Babys-Brain-by-Sue-Gerhardt.pdf

7. http://www.psychologytoday.com/blog/the-athletes-way/201309/the-love-hormone-drives-human-urge-social-connection

8. http://www.huffingtonpost.es/2014/06/14/envejecer-mejor_n_5471746.html

10. http://www.psychologicalscience.org/index.php/news/releases/social-connections-drive-the-upward-spiral-of-positive-emotions-and-health.html

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