Los abrazos promueven la armonía social y el bienestar individual

El impacto positivo de las demostraciones de afecto y cariño a través de abrazos es motivo de investigación para los científicos. Los investigadores Sheldon Cohen y Robert Doherty de la Universidad Carnegie Mellon (CMU) en Pensilvania (EUA), han probado que los abrazos actúan como una forma de apoyo social, ya que éstos frecuentemente protegen a las personas del aumento de susceptibilidad a las infecciones asociadas al estrés, generando además un riesgo significativamente más bajo de padecer síntomas de enfermedades vinculadas al mismo.

Los abrazos promueven la armonía social y el bienestar individual

Los resultados mostraron que aquellas personas que recibían mayor cantidad de abrazos y más contención de parte de su familia, amigos o compañeros de trabajo tuvieron síntomas más leves que aquellos que afrontaban mayor estrés o contaban con menor apoyo social: «El aparente efecto protector de los abrazos puede atribuirse al contacto físico en sí mismo o tratarse de un indicador de comportamiento, de apoyo e intimidad», concluyeron los autores.

Sabemos que las personas de culturas colectivistas o con mayor intimidad son más proclives a la armonía social por encima del valor de la individualidad, porque son más propensos a apoyar comportamientos que aumentan la congruencia del entorno y la interdependencia. Dichas culturas pueden dar a los individuos que son genéticamente susceptibles a la depresión una expectativa explícita de apoyo social, ya sea por medio de los abrazos o cualquier otra muestra de afecto.

Esta clase de apoyo aminora en los individuos vulnerables los riesgos ambientales o estresantes que sirven como detonantes de los episodios depresivos que afectan a la sociedad actual. Cabe destacar que la solución a los malestares antinaturales de la sociedad contemporánea la encontramos en el proceso de unificación, adquirido por medio de una educación para la integración, planteada como sistema de avance hacia una buena salud mental, física y emocional.

Referencia: http://www.sciencedaily.com/releases/2014/12/141217101316.htm

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