Educar para la conciencia

La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos,
sino que la educación está en el centro del problema.
El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia”.

Claudio Naranjo

Hace tiempo ya que la educación no es la que todos, en forma personal, creemos que debe ser. Este problema se ve reflejado en las conductas de quienes intervienen en el proceso, los estudiantes, a quienes se los fuerza a ser personas al servicio de la producción, servil a un sistema cuyo vicio está acompañado de los medios de comunicación que imparten claramente la idea de consumismo. Sus conductas en la escuela muestran lo irrelevante que les resulta esta posición, manifestando la falta de una educación sobre evolución de las relaciones humanas. Este daño por ausencia que subyace en la actitud constante dentro y fuera del aula, con apoyo de los adultos, es la punta del ovillo a desenredar.

Educar para la conciencia

La educación está en el centro del problema, porque siendo quien debe dar a cada persona la posibilidad de ser quien podría ser, la transforma en un ser que lucha contra su verdadera esencia: la de dar a conciencia su tiempo y su vida a una elevación de la condición humana. Henos frente a la puerta del cambio profundo que empieza a manifestarse en muchas instituciones educativas del mundo, en respuesta a las problemáticas que hoy nos mantienen en alerta.

El modelo de desarrollo económico actual ha eclipsado el desarrollo de la persona, poniendo a aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida en standby. La única manera de poder devolverle a la educación su significado es cultivando los valores a través de la transformación de las propias emociones de las personas, y la combinación de ellas con el entorno de desarrollo. Según Claudio Naranjo, antropólogo y psicólogo chileno reconocido por sus investigaciones en educación a nivel mundial, “hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente”.

Cuando la educación se enfoca sólo en la razón, en esa parte del hombre que el cerebro intelectual pone en marcha, influye sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva de una persona, privándole de la riqueza que existe en un estado de plenitud. Según Naranjo -apreciación con la cual coincidimos-, una educación que combine mente, cuerpo y corazón, en equilibrio de orden y coordinación, hacen posible el alcance de la plenitud de vivir.

Naranjo suele citar a los indígenas, pues tratan a la naturaleza de manera que su valor no proviene de un sentido utilitario. “En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo”.

En definitiva, su aporte confiere importancia crucial a la educación para la conciencia, la única que, en combinación de voluntades colectivas, de trabajo conjunto entre padres, docentes y estudiantes, podrá sanar la mente humana y prevenir el deterioro de la naturaleza.

Referencia: http://www.elmostrador.cl/pais/2015/01/05/esta-educacion-sirve-para-domesticar-a-la-gente-para-que-sigan-siendo-unos-corderitos-manipulables-por-los-medios-de-comunicacion/

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