Transitar satisfactoriamente las distintas etapas del ciclo vital familiar es la clave de la felicidad

La familia es un sistema vivo que se define a través de las relaciones que sus miembros establecen entre sí. Con grandes desafíos que derivan de los nuevos factores sociales y de convivencia que nos trae el siglo 21, aun así, la familia como sistema debe ser capaz de dar contención emocional a los miembros que la conforman para fortalecer las relaciones y lograr que perdure el vínculo. La expresión y contención emocional en la familia le permite lograr a cada uno de los miembros un buen desarrollo social y una sensación de felicidad. El sistema familiar puede atravesar por distintas etapas de acuerdo al ciclo vital en el que se encuentren. Aprender a transitar satisfactoriamente dichas etapas puede ser la clave de la felicidad.

El ciclo vital feliz

La primera etapa es de transición y adaptación temprana. Nos encuentra inmaduros y con poca experiencia, inicia cuando la pareja está recién casada, hasta aproximadamente los 3 años de casados. Es una etapa muy importante y fundamental, en que la tarea primordial es adaptarse al nuevo sistema de vida, en el cual habrá grandes diferencias en la manera de enfrentarse a la cotidianidad y hábitos muy particulares en cada uno de los cónyuges. Se requiere comprensión y apoyo mutuo como pilares fundamentales sobre lo que se construirá todo lo demás.

La reafirmación como pareja y la experiencia de la paternidad corresponden a la segunda etapa. Ocurre entre los 3 y los 8 años de casados, aproximadamente, es cuando ya ha terminado la luna de miel y la adaptación. En algunos casos puede venir una desilusión y dudas de haber elegido bien a nuestra pareja. Es muy importante resolver estas dudas y superar los aspectos que nos han desilusionado para llegar a reafirmarnos y lograr una estabilidad. Una estrategia puede ser participar en grupos de bien común o definir metas en conjunto que tengan al matrimonio trabajando colaborativamente, también en beneficio de la comunidad.

En la tercera etapa se produce la diferenciación y realización. Las parejas que se encuentran entre los 8 y 20 años de matrimonio, han sido capaces de resolver conflictos y crisis en las etapas anteriores; este es un período de estabilización y una oportunidad para lograr un mayor desarrollo y realización personal y como pareja. Pero también esto puede ser fuente de conflicto, ya que puede darse un desarrollo desigual en los esposos. La madre, por tener mayores obligaciones con los niños pequeños, puede haberse olvidado de cultivar y trabajar en su crecimiento personal, y por lo tanto sentirse en desventaja con su esposo. Por eso es importante que puedan desarrollar iniciativas sociales y cooperativas en conjunto, trabajando a su vez en objetivos que sirvan de ejemplo a sus hijos.

Todas las etapas anteriores permiten que llegue la “estabilización”. Es bastante larga, ocurre entre los 20 a 35 años de unión. Coincide a su vez con que ambos miembros presentan una etapa de transición de la mitad de la vida. Algunos autores la han llamado la “crisis de la edad madura”, con características muy interesantes: por un lado se busca un equilibrio entre las aspiraciones y los logros y por otro lado, se desea arreglar una escala de valores un poco diferente, que conduce a una estabilización de cada cónyuge y del matrimonio. Es aquí cuando el matrimonio se convierte en una fuente de ejemplo para los hijos y también para el entorno social, pudiendo ser tomado de ejemplo.

Cuando llegamos a la quinta etapa de enfrentamiento con la vejez, la soledad y la muerte, comienza la pérdida de capacidades físicas e intelectuales, la soledad por la partida de los hijos y las muertes graduales de parientes y amigos. Las variaciones de pareja a pareja frente a estos acontecimientos están en función de los valores. Cualquiera que sea la fuente de tensión, los integrantes de la pareja, en este tiempo, tienen mucha necesidad de apoyo y cariño uno del otro. Por ello es necesario haber construido en las etapas anteriores un entorno social positivo, más allá del matrimonio. En esta etapa de la vida los amigos son la mayor fuente de felicidad, sobre todo ante la pérdida del cónyuge.

Podemos concluir que para lograr superar las dificultades y transitar con felicidad estas etapas en el sistema familiar, es indispensable que los miembros de la familia reconozcan y resuelvan los problemas que surjan de manera conjunta, además de priorizar una relación familiar que implique sensibilidad y empatía de cada uno de los integrantes de la familia. El apoyo y afecto mutuo son la base para lidiar con los procesos de cambio que acompañan a la familia durante su desarrollo. Es importante tener en cuenta que también es fundamental relacionarnos de manera positiva con el entorno que nos rodea fuera del ámbito familiar y considerarlo también una parte valiosa de la familia.

Referencias bibliográficas: Estrada, L. (2014) El ciclo vital de la familia. Penguin Random House Grupo Editorial México.

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