Un niño integrado socialmente será un adulto feliz

Recientes investigaciones hallan que para lograr una vida feliz hay que considerar en primer lugar a la amistad que al estudio en el nivel escolar. Por esta razón, los adultos que tuvieron una infancia centrada en la amistad más que en lo académico en sí hoy disfrutan de mayor felicidad que aquellos que pusieron sus objetivos en lo académico por encima de la amistad.

UN NIÑO INTEGRADO SOCIALMENTE SERÁ UN ADULTO FELIZ

En general, varios estudios indican que las raíces de la felicidad en la vida se remontan a la infancia de la persona. Entre los hallazgos se advirtió que los niños que tuvieron un buen desempeño escolar y a su vez una buena red de conexiones eran más felices que los adultos que sufrieron académicamente, exigiéndose un rendimiento superior y se sintieron socialmente alienados.

La felicidad en este caso, según los autores de la investigación, no se trata sólo de sentirse bien o tener emociones positivas. Es también la capacidad para hacer frente a las dificultades en la vida, sentirse implicado en la comunidad, reconocer las propias fortalezas, y percibir la vida de relación como algo significativo. Esto no se opone a que lo académico sea importante para la vida, de hecho la evidencia sugiere que en algunos casos el éxito académico puede fomentar también la conectividad social, pero en definitiva todo depende de las conexiones sociales que establecemos.

Por otro lado, aquellos estudiantes más extrovertidos, amables, independientes, buenos en los deportes, y con varias aficiones -en las que las relaciones sociales eran más importantes que el éxito académico-, contribuyeron con la predicción de felicidad en el tiempo: «La vía de conexión social entre los adolescentes y el bienestar una década después, ilustra la importancia duradera de relaciones sociales positivas”.

Todo esto indica la importancia de introducir en los ámbitos académicos una educación para la vida de relación. Los contenidos sociales y académicos no deben estar separados y al mismo tiempo, el desarrollo social positivo de infantes y adolescentes requiere inversiones más allá del desarrollo del programa de estudios. Las familias y las escuelas necesitan nutrirse mutuamente de las habilidades sociales que prepararán a la persona para construir el bienestar de la sociedad futura mejorando la inclusión social y la conexión del niño desde temprano. Con estas herramientas, el niño indudablemente será un adulto feliz.

Referencia: http://greatergood.berkeley.edu/article/item/scratch_a_happy_adult_find_a_socially_connected_childhood