Educarnos para prevenir el impacto del consumismo

De acuerdo al mundo globalizado en el que vivimos y la vida acelerada de la que formamos parte, resulta muy difícil encontrar un momento adecuado para detenernos a pensar sobre la crisis mundial que nos rodea. La crisis es nada menos que el resultado de esta manera de vivir que llevamos, de nuestros hábitos y su impacto en la naturaleza. Todo en la naturaleza está conformado de manera tal de favorecer la vida y hacer posible nuestra existencia. Cuando nacemos, nos encontramos con una sociedad donde el dinero es un valor que tiene la supremacía sobre los demás. La mayoría de las personas trabajamos para obtener dinero y ser capaces de pagar por alimento, vestimenta, vivienda y demás cosas que deseamos; sin embargo, ¿qué tantas de estas cosas son realmente necesarias para llevar una vida normal y digna?

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En la actualidad le hemos dado un sobrevalor a la tecnología y muchas personas no pueden esperar a comprar el teléfono móvil más reciente, a pesar de no haber terminado de pagar el que compró el año anterior. Los motivos de esta tendencia pueden ser muy diversos, desde una campaña de marketing exitosa hasta llenar un vacío interno. Uno de los problemas que surgen con adoptar este tipo de hábitos de consumo es el impacto al medio ambiente que esta simple acción conlleva.

Normalmente, un teléfono móvil contiene metales preciosos: cobre, oro, plata y paladio, principalmente. Sabemos que los metales son recursos naturales no renovables y existen de manera limitada en el planeta; es por esto y su alta demanda en el mercado que estos materiales son muy costosos. Hoy en día compañías mineras continúan explorando nuevos yacimientos de estos metales en todo el mundo para satisfacer las demandas de consumo de la población, trayendo consigo destrucción de ecosistemas y muchas veces problemas de salud en los propios mineros y en los habitantes de ciudades cercanas a las minas, por medio de la contaminación de la atmósfera y el agua.

Con este ejemplo podemos ver hasta qué punto nuestras acciones diarias y hábitos influyen en el estado en que el mundo se encuentra hoy: si decido cambiar de teléfono cada 5 o 6 años en vez de cada año -y más personas hicieran lo mismo-, definitivamente las compañías mineras, en este caso, disminuirían la exploración de nuevos yacimientos de metales preciosos, porque la empresa manufacturera necesitaría producir menos volumen de teléfonos móviles, ya que la demanda anual habría disminuido. ¿Es una utopía o podemos asumir el compromiso de un cambio responsable que nos beneficie a todos?

Es evidente que a este hecho va aunado un impacto socioeconómico para empresarios y trabajadores de estas compañías, pero también se genera la oportunidad de abrir nuevos mercados y negocios con un enfoque más sustentable y de menor daño al medio ambiente y a las personas, algo que sea capaz de perdurar por más tiempo. Sabemos que todo lo que perjudica al ambiente también nos afecta a nosotros, los seres humanos. Con este conocimiento es necesario que se produzca un cambio de mentalidad conjunta, que nos lleve a vivir en armonía con la naturaleza y por sobre todo, entre las personas. Nos preocupa la ecología pero también los puestos de trabajo que el consumismo ha generado y no pueden desaparecer. Entre todos debemos encontrar la manera de tener beneficios recíprocos, de transformar la economía haciéndola más sustentable y que nadie salga perjudicado. Es un desafío que se nos presenta en un momento en que la humanidad debe permanecer unida y conectada para resolver la crisis multifacética que nos mantiene alejados del equilibrio con la naturaleza.

Referencia: Electronics Waste Management in the United States Through 2009,” U.S. EPA, May 2011, EPA 530-R-11-002 http://www.epa.gov/wastes/conserve/materials/ecycling/docs/fullbaselinereport2011.pdf

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