El altruismo en la naturaleza… ¿y en la sociedad?

A partir de tres ejemplos reales de la naturaleza podemos reflexionar sobre nuestra sociedad:

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Las hormigas, un ejemplo de trabajo en equipo

Al observar a las hormigas, vemos que son animales que viven en comunidad. Son trabajadoras, cooperadoras, pacientes y perseverantes, trabajan con un fin común; nunca anteponen su propio beneficio al de la comunidad y no se dan por vencidas fácilmente, pues una hormiga, hace todo lo que está a su alcance para cumplir con su trabajo sin importar los obstáculos que se le presenten. Cada una de ellas tiene una responsabilidad y un rol definido en la comunidad y tiene claro lo que debe hacer, sin embargo, es capaz de hacer otros trabajos de ser necesario. Todas trabajan por el bien de todas y este trabajo conjunto se logra en una armónica vida de colonia.

En ellas se desdibuja el individuo para tomar importancia la sociedad como un todo, se producen, incluso, altruismos supremos que llevan hasta la muerte individual en beneficio de toda la sociedad. Son generosas, no son egoístas. Si alguna hormiga encuentra una fuente de comida corre a buscar a sus otras compañeras y las guiará hasta la comida para que su colonia pueda beneficiarse. Por otra parte, todas parecen sentirse protegidas, porque poseen un perfecto sistema de defensa frente a agresiones externas.

Las abejas, un espectacular cerebro colectivo

Las abejas forman una sociedad que podríamos llamar casi perfecta, muy semejante a la sociedad de las hormigas. Las abejas son reconocidas por ser un ejemplo perfecto de cooperación.  Tal vez la característica más importante de ello, y que da mayor estabilidad a la sociedad, es la jerarquización de las estructuras junto a la división del trabajo, con roles perfectamente definidos. Cada uno de sus miembros (reina, obrera o zángano) reconoce su lugar y su misión a realizar para el bien de la colmena y garantizar su futuro. Las abejas no funcionan separadas. Si una abeja se retira de su colmena, no puede subsistir porque las abejas actúan y funcionan como UNA, como un solo ser, una consciencia colectiva con un mismo fin.

En una colmena el individuo cede su valor en favor de la colectividad de todas las abejas. Es por ello que se dice que la colmena es un súper organismo.

El rol de las abejas para el equilibrio del medio ambiente y la naturaleza es muy importante, es de mutuo beneficio y cooperación. Las plantas necesitan un medio para difundir su polen, y a cambio las abejas obtienen su néctar. Además, nos comparten su miel.

La célula: sociedad perfecta

Ahora, vamos al elemento constitutivo de los seres vivos, las células, que son las unidades básicas que se juntan para formar órganos y tejidos. El cuerpo humano adulto contiene diez billones de células y ninguna de ella es autónoma. Al contrario,  todas trabajan en perfecta armonía para apoyar y sustentar el cuerpo en el que viven, a veces a expensas de sus propias vidas. Por ejemplo, si al sistema ingresan substancias tóxicas, las células hepáticas se sacrifican en el esfuerzo por destruirlas. Como podemos ver, en los sistemas vivos está presente el altruismo como una demostración del interés de la comunidad sobre el interés individual. Su “consciencia” se extiende mucho más allá de las membranas celulares individuales, abarcando el cuerpo entero. La armonía entre sus células es lo que hace a un cuerpo sano una máquina perfecta y maravillosa, y esa armonía, se basa también en la diferenciación de los roles y funciones que debe desempeñar cada célula de cada tejido.  Si una sola célula descuida sus funciones y comienza a trabajar para sí misma, el cuerpo lo detecta y opta por curar o matar dicha célula. Aquella que trabaja para sí misma en lugar de para el cuerpo, se denomina “célula cancerosa”.

En los tres casos mencionados encontramos muchos elementos comunes. En cada uno de ellos hay un claro sentido de unidad y de pertenencia, no hay comportamientos individualistas. ¿Cómo logran esa armonía social? ¿Cuál es el mensaje que nos están dando a  la comunidad  humana?  Seamos conscientes de ello o no, cuando actuamos para nosotros mismos, haciendo caso omiso de las necesidades de la colectividad, nos convertimos en células cancerosas en el cuerpo llamado “humanidad”. Por ello debemos tener una clara consciencia de unidad del mundo, donde todos estamos interconectados y somos parte de esta creación. Todos estamos unidos, todos y todo somos UNO.

Referencias: http://www.creces.cl/new/index.asp?imat=%20%20%3E%20%2084&tc=3&nc=5&art=389

LAITMAN, Michael. Rescate de la crisis mundial, Una guía práctica para emerger fortalecidos. Laitman Kabbalah Publishers. Toronto, enero 2010. 

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