El teatro: antídoto contra el egoísmo

El teatro va más allá de la representación de obras literarias, es toda una experiencia de vida. Cuando vamos al teatro somos influenciados por un ambiente muy especial; además de identificarnos con los personajes, la obra muchas veces nos trae recuerdos y revive experiencias que nos sensibilizan el corazón. Y si pensamos en los niños, el teatro tiene un gran valor educativo.

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Al observar a los niños pequeños cuando asisten a una obra, los vemos totalmente absortos, involucrados a tal grado que se olvidan por unas horas de su propia vida. Se encuentran fascinados frente a una representación que estimula todos sus sentidos; después regresan a sus propias vidas pero diferentes. Si la obra ha sido escrita con un sentido educativo, los influencia de una manera tal que los lleva a un nivel humano más elevado.

Lo principal del teatro es que permite educar a la persona. Es ante todo diálogo, supone un reto, constituye un estímulo, produce una trasformación, transmite un mensaje, todo lo requerido para una experiencia formativa, especialmente si se trata de un niño.

Si prestamos atención, podemos darnos cuenta de que siempre estamos en un escenario, todos estamos actuando. Para adaptarnos a la sociedad de modo que podamos conectarnos correctamente con ella, tenemos que convertirnos en actores y aprender a representar varios roles, presentándonos de una manera diferente a como realmente somos.

Pero un actor en el escenario, interpreta un papel de forma consciente a diferencia de una persona corriente. El trabajo del actor requiere la capacidad de incluirse en el otro, de trascender su propio yo, lo cual implica superar su egoísmo y entrar en un modo altruista. Una característica propia de la interpretación es que el actor consigue “salirse” de sí mismo, olvidándose de sus problemas y preocupaciones, de sus cualidades actuales, de su naturaleza, adoptando otro rol, “metiéndose” en un papel diferente, “disolviéndose” en él. En este papel, el actor siente a los demás, aprende a conectarse con ellos, esto es posible porque se eleva por encima de sí mismo. Estas son aptitudes que podemos aprender de los actores.

Si pensamos en los niños, es posible enseñarles, además de la habilidad de la interpretación, la actitud correcta hacia el entorno. Gracias al teatro, comienzan a participar en el proceso de trabajar su egoísmo. Es bueno mostrarle a un niño que es posible salir de sí mismo, entrar en la realidad de la otra persona y trascender sus propias características; cuanto más se pueda meter en el papel del otro, su amigo, su compañero, aprenderá a pensar en los otros, lo cual le proporcionará un beneficio adicional: la aprobación de la sociedad que reconoce a quienes son menos egoístas.

Cuando los niños representan otros personajes, tienen que hacer un esfuerzo por trascenderse a sí mismos. De esta forma empiezan a comprender mejor a los demás y a encontrar elementos comunes con ellos. Por ejemplo, pueden representar a sus amigos, a los abuelos, a hombres y mujeres de todas las edades. Es estupendo representar a otras personas. Así, cada uno acumula en el interior roles, capacidades, comprensión y nuevos niveles de comunicación. Además, al ponerse en la piel de diversos personajes, los estudiantes pueden experimentar lo que se siente en situaciones que no podría haber vivenciado de otra forma.

Cuando el niño representa los papeles de los amigos, los comprende más y como resultado, los conflictos disminuyen. Puede convertirse en su propio juez o en el abogado de sus compañeros. Si es capaz de vivir el rol de su amigo, significa que lo puede justificar, valorar y así anhelará incorporar sus cualidades.

Un buen ejercicio es trabajar con los niños en semicírculos y animarlos a actuar. Cuanto más puedan meterse en papeles diferentes, desde el fondo del corazón, y ocupar “el lugar del amigo”, más aprobación social tendrán y se les facilitará el manejo de sus impulsos pues podrán ponerse por encima de ellos al ser más empáticos con sus compañeros.

Hagamos teatro. Que la obra lleve un mensaje que pueda ayudarnos en la vida, en nuestro desarrollo. Que la obra toque nuestros oídos y corazones y podamos cambiar. Experimentemos otros roles que queden de forma permanente en nuestras vidas; adquiramos sabiduría sobre la vida y empecemos a verla de manera distinta. Aprendamos a jugar nuestro rol en el teatro de la vida.

Referencia: Laitman, Michael. Rescate de la crisis mundial, Una guía práctica para emerger fortalecidos. Laitman Kabbalah Publishers. Toronto, enero 2010.

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