Superemos la inequidad a través de nuevas relaciones

¡Solamente 62 personas en el mundo tienen la misma cantidad de riqueza que la mitad de la población mundial! Pensemos un instante sobre esta tremenda realidad. Ni siquiera son familias: individuos (la mayoría de los cuales son hombres, sólo 9 son mujeres), que son, por así decirlo, dueños de este mundo que fue creado para todos, incluida la naturaleza (OXFAM, 2016).

El tema de qué tan perjudicial es una distribución inequitativa de la riqueza, ha sido un asunto de eterno debate en la economía y la política. Sin entrar en sus detalles, podemos decir que lo importante es que haya oportunidades para todos. Una vez que existan esas oportunidades, cada uno deberá hacer su mejor tarea. Esto es evidente, dentro de determinados límites. Pero cuando la situación llega a los extremos en que una porción mayoritaria de la humanidad se ha quedado “sin fichas para participar en el juego” no es exagerado pensar que estamos poniendo en peligro la continuidad del éste. Como dice Michael Laitman, el capitalismo se está mordiendo la cola…

Los capitalistas no son lo suficientemente valientes como para recaudar sus propios impuestos. Hoy en día, ya no hay una correlación clara y precisa entre el trabajo duro y el resultado del trabajo. (…). El mundo ha llegado a un callejón sin salida económicamente hablando, la única salida es con nuevas relaciones sociales.”

Y tiene razón. En una economía de mercado, como la que prevalece actualmente en el mundo globalizado de hoy, el principal mecanismo para mantener el juego en movimiento es que haya “fichas” para todos los participantes. Que los trabajadores obtengan ingresos suficientes de su trabajo y los empresarios sean recompensados por sus inversiones. Si este equilibrio no se mantiene dentro de ciertos límites razonables, se paralizará el juego. ¿Qué significa esto? Que no habrá quien compre los bienes y servicios que producen las industrias; estas no serán rentables y se agudizará el círculo vicioso, con las consecuencias que ya hemos conocido en los años treinta, en los ochenta y en otras ocasiones.

Ante esta situación entonces ¿cuál es la solución?. Se han ensayado diferentes políticas, diferentes estilos de gobiernos, pero la única solución es la instauración de “nuevas relaciones sociales”. Unas que no sólo se inspiren en el impulso al enriquecimiento, en la acumulación y la concentración de las oportunidades, sino en unas relaciones más correctas y humanas, en las cuales juegue un papel importante la solidaridad, la consideración hacia los demás, el sentido de la corresponsabilidad; significa conectarnos con la naturaleza de manera integral, creando entornos en equilibrio.

En resumen, hablamos del reconocimiento y aceptación de que TODOS SOMOS UNO, incluida la naturaleza en su totalidad.

El secreto del “juego” está en el reconocimiento de nuestra inter-dependencia. El aleteo de una mariposa puede producir tormentas en el otro lado del planeta; la jugada “maestra” de un hombre muy poderoso para acrecentar su riqueza puede producir una hambruna, una guerra o una epidemia en otro lugar del planeta.

Podemos cambiar leyes, políticas, gobiernos, instituciones mundiales, pero de nada servirá si no cambiamos las relaciones entre nosotros. Tenemos que aprender a interactuar como colaboradores y no como adversarios. Que no sea que vayamos al abismo sino hacia una sociedad en hermandad y equidad.

Referencias: https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2016-01-18/62-personas-poseen-la-misma-riqueza-que-la-mitad-de-la

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *